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Preguntas y respuestas

Preguntas y respuestas

Las gafas de sol, unos pañuelos de papel, el mapa de carreteras y, por supuesto, el recibo del seguro. Todo esto es lo que han guardado la mayoría de guanteras españolas durante décadas. Desde hace unos años, sin embargo, algo ha cambiado. Hemos sustituido el mapa por el GPS pero qué pasa con el recibo del seguro del coche, ¿debemos llevarlo todavía?

En el pasado había que llevar el recibo del seguro del coche en la guantera, pero esto dejó de ser obligatorio hace muchos años. Desde 2008, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado pueden consultar telemáticamente el Fichero Informativo de Vehículos Asegurados (FIVA). En esta base de datos aparece si tu vehículo está asegurado o no. Por lo tanto, ya no hace falta tener el recibo del seguro en el coche, aunque nunca está de más llevarlo por si necesitaras los datos para alguna gestión o algún problema técnico impidiera a la policía realizar la consulta telemática.

Satisfacer a la gente. Esa es la meta de toda aseguradora. Pero esto no siempre se logra. Por eso, existen varias vías para reclamar a tu aseguradora si alguna vez tienes discrepancias con ella. La ley obliga a la entidades a resolver las quejas de sus clientes, los beneficiarios y de terceros a través de un servicio de atención al cliente.

Algunas aseguradoras cuentan adicionalmente con un defensor del asegurado independiente, que actúa bien de forma alternativa al servicio o como segunda vía de reclamación. Si este defensor del asegurado se muestra a favor de las pretensiones del reclamante, su decisión vinculará a la entidad.

¿Pero se puede ir más allá de la propia compañía? ¿Hay alguna otra instancia a la que recurrir a parte del servicio de atención al cliente y del defensor del asegurado? Sí, la hay. Si el usuario no está conforme con la respuesta de la entidad o del defensor del asegurado, puede acudir al Servicio de Reclamaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones siempre que:

  • Haya presentado antes su queja ante la entidad.
  • Su petición haya sido desestimada o no haya recibido respuesta transcurridos dos meses.

Las aseguradoras procuran atender todas las consultas que reciben con rapidez. De hecho, un 86% del sector se ha comprometido a atenderlas en menos de 30 días (¡un mes antes de lo que marca la ley!). Y lo han hecho al suscribir la Guía de buenas prácticas de resolución interna de reclamaciones.

Si el consumidor no recibe satisfacción tras acudir a todas estas instancias o si, simplemente, prefiere saltarse estos pasos, puede dirimir las diferencias:

  • Por un procedimiento de mediación o de arbitraje privado.
  • Mediante una demanda en el juzgado.

Quizás le costó algo más aprobar los exámenes del mes pasado, pero con el carné de conducir tu hijo lo ha hecho de fábula: ¡Qué tío, ya lo tiene en la cartera! Inevitablemente, querrá coger tu coche en alguna ocasión y esto te hace plantearte una pregunta: ¿debes incluir a tu hijo en el seguro si solo coge el coche de vez en cuando? La respuesta es muy sencilla: ¡Por supuesto!

No incluir a cualquier otra persona que coja tu coche de forma ocasional puede generarte problemas si ocurre algún accidente. Por eso, lo más prudente es identificar a los conductores habituales en el contrato del seguro. Sobre todo si, como es el caso de tu hijo, están lejos de contar con tu experiencia al volante. Recuerda que la ley obliga a comunicar a las aseguradoras si aparece algún factor que hace más probable que ocurra un accidente. Dejar tu coche a un conductor novato, como tu hijo, es un ejemplo de libro.

La identificación de un segundo conductor hará que, previsiblemente, se encarezca algo el precio de tu seguro. Esto es lógico: el riesgo que se está protegiendo es mayor. A cambio te quedas con la tranquilidad de saber que todo quedará cubierto si el chaval se da algún golpe. En cualquier caso, recuerda, la figura del segundo conductor o conductor habitual siempre resultará más económica que si tu hijo tiene la póliza directamente a su nombre. Además, de esta forma empezará a generar su propio expediente como conductor y, si es prudente (como sus padres), pronto podrá beneficiarse de bonificaciones.

Viajar es un placer… pero, a veces, no. Como las cosas se pueden torcer, es fundamental salir de casa con la tranquilidad y las garantías que aporta un seguro de asistencia en viaje. No se trata de mentar a la bicha, no tiene por qué pasar nada, pero un accidente o una enfermedad, por leve que sea, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en el mayor de tus dolores de cabeza.

El seguro de asistencia en viaje es el producto asegurador que te protege ante determinados imprevistos que pueden suceder cuando estás fuera del “hogar dulce hogar”. Pérdida del equipaje, anulación del vuelo, problemas médicos, gastos inesperados de transporte y alojamiento, repatriación… Son muchas las cosas que se pueden torcer durante un viaje y para las que el sector asegurador da una solución.

Los seguros de asistencia en viaje deben contratarse siempre antes de la salida. Sus coberturas y precios dependerán del destino, así como del tipo de periplo que se va a realizar. No es lo mismo un circuito por capitales europeas que irse de safari por África. Todo depende del riesgo al que uno se expone y cómo está organizado cada país. Esto último es especialmente importante cuando se tiene un problema de salud.

Todo depende del riesgo al que uno se expone y cómo está organizado cada país

Es importante saber que algunas coberturas relacionadas con el viaje están vinculadas a la existencia de un billete de transporte. Esta es la razón por la que el seguro debe contratarse al mismo tiempo que se compra el billete o paquete vacacional. Un ejemplo es la cobertura de los gastos de cancelación del viaje. Muchos proveedores de transporte (aerolíneas, compañías marítimas, ferrocarriles, etc.) permiten adquirir un billete con derecho de cancelación a cambio de un suplemento.

De esta forma, ya se trate de una cancelación del viaje en sí, de las maletas o de un traspié, recuerda, si llevas seguro, puedes estar tranquilo. Así, sí que es un placer viajar.

Este registro permite recibir consultas por estas vías:

Consulta telemática

En este enlace tienes acceso al procedimiento para solicitar su certificado desde tu ordenador.

Consulta presencial

El procedimiento implica varios pasos:

1. Obtener el Modelo 790 (ya sea en la página Web del Ministerio de Justicia o en alguna de sus Gerencias Territoriales), cumplimentarlo y pagar la tasa correspondiente.

2.Personarse en el Registro General de Actos de Última Voluntad o en alguna Gerencia Territorial del Ministerio de Justicia, con el certificado literal de defunción de la persona de la cual quiere obtenerse el certificado (sólo puedes hacerlo transcurridos 15 días hábiles desde la fecha de defunción).

En el plazo máximo de 7 días el Registro expedirá un certificado señalando cuáles son los contratos vigentes y con qué entidades están suscritos. Estos certificados se recogen de la misma forma en la que se solicitaron (en persona o por correo).

Una vez tengas el certificado, sólo debes ir a la aseguradora y preguntar si eres el beneficiario. En caso de que así sea, podrás cobrar la indemnización.

El IVA (Impuesto de Valor Añadido) es uno de los principales impuestos que existen en España y se aplica a la mayoría de productos y servicios. Alimentación, un ordenador, un billete de tren, los servicios de un fontanero… Las primas de seguros están exentas de IVA. En su lugar están sometidos a otros tributos y recargos.

Las primas de seguros no tienen IVA en virtud del artículo 20 de la Ley 37/1992, de 28 de diciembre, en el que se consideran “exentas” las operaciones de seguro, reaseguro y capitalización. Que el sector asegurador no tenga IVA no significa que se libre de otras tasas y cargos. De hecho en tu contrato se aplican el impuesto sobre primas de seguro (IPS), un recargo destinado a la financiación de las coberturas de riesgos extraordinarios a cargo del Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) y otro recargo destinado para la liquidación de entidades aseguradoras (RLEA) en caso de insolvencia económica.

Los impuestos en los seguros

El IPS grava con un 6% la prima neta o precio neto del seguro. Este tributo se aplica a todos los riesgos establecidos en España. Es decir, no están incluidos los riesgos que están en otros países. Afecta a los principales seguros, aunque cuenta con algunas excepciones. ¿Cuáles? Pues, por ejemplo, los seguros de asistencia sanitaria, de enfermedad, de crédito y caución, los seguros agrarios, o las operaciones relacionadas el transporte internacional, entre otros casos.

El recargo para el CCS se establece para financiar a esta entidad pública que da apoyo al sector asegurador, principalmente en el aseguramiento de riesgos extraordinarios (catástrofes naturales, atentados terroristas, etc.). El recargo del CCS es una recaudación basada en la solidaridad territorial de todos los asegurados, con el fin de financiar a esta entidad e igualar las primas, minimizando así el efecto penalizador de aquellas zonas geográficas que se encuentran en zonas más propensas a padecer algunos de los riesgos extraordinarios que son objeto de cobertura. De esta forma, no se penaliza a quien reside en una zona sísmica o a quien aparca su coche junto a un río que tienden a desbordarse si hay muchísima lluvia, por ejemplo. El recargo del CCS varía en función del tipo de seguro.

Por su parte, el recargo para la liquidación de entidades aseguradoras asciende al 0,15% del precio neto anual del seguro. Se establece con el fin de garantizar a todos los asegurados sus coberturas en el hipotético caso de que su aseguradora tenga problemas. En estos casos, el CCS es quien se ocupa de liquidar a la compañía en apuros y de atender los compromisos que tuviera con sus clientes, terceros perjudicados, empleados, proveedores…

¿Afectan los cambios en el IVA a los seguros?

Aunque el IVA no aparezca en tu prima, la verdad es que cualquier variación que experimente puede afectar a lo que pagas a tu aseguradora. A fin de cuentas, una subida del IVA impacta en los costes de los productos y servicios que sufragan las entidades cada vez que solucionan un problema de sus clientes como, por ejemplo, la factura de un taller en la reparación de un automóvil. Por eso, si el siniestro se encarece, esto tarde o temprano termina reflejándose en el coste final del seguro.

Si eres propietario de un vehículo, tienes la obligación, por ley, de contratar y mantener en vigor un seguro que cubra la responsabilidad civil del conductor. ¿Y eso qué es? El seguro a terceros de toda la vida. ¿Por qué? Porque aunque nos creamos los mejores conductores del mundo, los imprevistos ocurren y hay que asegurarse de que habrá dinero para compensar a las víctimas en caso de accidente. Ya sea un golpe tonto de chapa o un accidente serio donde resulta gente implicada.

¿Qué incluye entonces este seguro obligatorio? Cubre exclusivamente la responsabilidad civil del conductor frente a terceros. ¿Y qué no es lo que no está incluido? Los daños que sufras tú o tu vehículo si la culpa del accidente es tuya. Cuando tú eres el causante de la colisión, el seguro obligatorio reparará los daños causados al otro coche o en la vía pública, indemnizará a los ocupantes de cada vehículo (tanto a quienes iban contigo como a las personas del coche contrario) y a los peatones en caso de lesión.

El seguro a terceros en ningún caso reparará tu coche ni te indemnizará por tus lesiones. Si quieres tener esas protecciones debes contratar dos coberturas más. Una se ocupa de tu vehículo y se conoce como “daños propios”, aunque todo el mundo la llama “seguro a todo riesgo”. La otra cobertura se denomina “seguro de accidentes del conductor” y te protege a ti.